Preocupado como estaba, le pedí a Alicia que indagara sobre el niño del otro día.
Como soy consciente de que algunos estarán preocupados, paso el parte.
Parece ser que tratan de confirmar el diagnóstico. El asunto puede ser de muy leve a terrible. Alicia conoce a un amigo de su edad con esa misma enfermedad, ya se sabe que basta con que una mujer este embarazada para que empieze a ver embarazadas, y es un chico sano, lo que le da ánimos. Piensa presentarselo.
Mientras tanto, el matrimonio ha recuperado la normalidad. El niño sigue bien y ellos esperan con más tranquilidad las visitas médicas y las pruebas.
Básicamente no ha cambiado nada, pero al menos, tienen más paz.
Que no es poco.
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martes, 9 de diciembre de 2008
jueves, 4 de diciembre de 2008
El llanto de Alicia
Ayer, como otras veces, vino mi nieta buscando paz para estudiar a mi casa. La note silenciosa, pero no le di importancia, hasta que sentado en mi sillón leyendo creí que la oia llamandome. No era así, pero la vi enjuagarse una lágrima. Casi la obligué a explicarse.
Había quedado para comer con alguien de su universidad. Otras veces me había hablado bien de él. Recuerdo que me dijo algo así como que otros, al hablarle de mi, decían que ellos tambien hubieran ido con la División Azul. Él no dijo eso, pero me decia que la unción, el respeto que empleaba al tratar el tema le hacian pensar que por primera vez estaba ante alguien que si se hubiera ido a Rusia.
En la comida, al verlo apagado y con los ojos cristalinos le arrancó la verdad: su mujer y él estan pasando un mal momento, a su hijo pequeño de cuatro años, le han diagnosticado una enfermedad rara, con ecos tremendos y un tratamiento duro.
Me dijo que le había impresionado que, con todo el dolor que sentía, más manteniendolo en secreto para el resto de la familia, solo le pidiese que rezara.
A mi no me lo pidió, pero hago mia esa petición como una orden. Es más: pido que lo hagais vosotros. Rezad por la salud de ese niño. La oración todo lo puede.
Había quedado para comer con alguien de su universidad. Otras veces me había hablado bien de él. Recuerdo que me dijo algo así como que otros, al hablarle de mi, decían que ellos tambien hubieran ido con la División Azul. Él no dijo eso, pero me decia que la unción, el respeto que empleaba al tratar el tema le hacian pensar que por primera vez estaba ante alguien que si se hubiera ido a Rusia.
En la comida, al verlo apagado y con los ojos cristalinos le arrancó la verdad: su mujer y él estan pasando un mal momento, a su hijo pequeño de cuatro años, le han diagnosticado una enfermedad rara, con ecos tremendos y un tratamiento duro.
Me dijo que le había impresionado que, con todo el dolor que sentía, más manteniendolo en secreto para el resto de la familia, solo le pidiese que rezara.
A mi no me lo pidió, pero hago mia esa petición como una orden. Es más: pido que lo hagais vosotros. Rezad por la salud de ese niño. La oración todo lo puede.
jueves, 16 de octubre de 2008
Lo prometido es deuda
Decía el lunes pasado que esta semana dedicaría otro día a contestar alguna respuesta.
Esta vez seré breve, pues hay algo que quiero pedir al que me lea.
Pero vamos con los comentarios.
A Antonio Rivera le pido que me apee de ese "excelentísimo". Ni lo soy, ni lo he sido, ni lo seré. Soy solo un falangista de filas, un cristiano clase de tropa, un guripa que tuvo la suerte o la desgracia de volver vivo de Rusia, un viejo soñador y un abuelo embobado con sus nietos. Pero poco más, y desde luego, no merezco ese tratamiento. Tanto es así que me he pensado muy mucho el hacer público tu comentario, Antonio. Llámame camarada, que ese si es todo un timbre de honor. Y recibe mi abrazo.
A Al Neri le doy las gracias por los enlaces. Y a Alvaro Romero y a Antonio Rivera la difusión de esta humilde página.
Voy con Jose. Su comentario es el que me ha obligado a volver a entrar. Es cierto que se me olvidó. Gracias a mi nieta Alicia, que me ha convertido en letras el texto, rescatado de un libro de mi biblioteca, puedo pegar aquí el juramento.
Retransmitido por radio, presentes los jefes españoles que residían en Berlin, creo recordar que en julio de 1941, y ante Muñoz Grandes, su Estado Mayor, y los generales alemanes Cochenshausen y Fromm, este en representación de Hitler, tras una misa de campaña que no recuerdo quien ofició, el general Cochenhausen nos inquirió la formula de juramento de fidelidad en alemán, traducida por Troncoso.
¿Juráis ante Dios y por vuestro honor de españoles absoluta obediencia al Jefe del Ejército alemán Adolfo Hitler en la lucha contra el comunismo y juráis combatir como valientes soldados, dispuestos a dar vuestra vida en cada instante por cumplir ese juramento?
La respuesta, ya es conocida: Si, juro.
------------------------------------
Y ahora, mi petición.
Los noticiarios repiten que en Valencia, mi Valencia, hay un barco abortista holandés esperando que a él lleguen lanchas de mujeres que van a abortar.
Yo no se en que piensan los políticos, los periodistas de este país, que no ponen los puntos sobre las ies. Se que están en aguas internacionales, pero seguro que algún juego legal habrá para evitar esa atrocidad.
Rita, alcaldesa, quizá temas perder popularidad. Yo te digo, y creeme, aunque solo sea un viejo, que uno solo de esos niños que allí van a morir, vale más que todos los cargos del ayuntamiento de Valencia, que todos las concejalías del ayuntamiento, que el ayuntamiento en sí, que todos los ayuntamientos de España.
Yo no puedo hacer nada para evitarlo. Solo rezar. Rezar por esos niños, por sus madres que, sin verlo ahora, se castigan así su futuro, por todos esos miserables que con Pilar Bardén a la cabeza jalean esa monstruosidad y por los políticos y periodistas que lo permiten. Rezo por la salvación de sus almas.
Y pido a los que me lean, y crean, que recen conmigo. No hay que subestimar el poder de la oración.
Esta vez seré breve, pues hay algo que quiero pedir al que me lea.
Pero vamos con los comentarios.
A Antonio Rivera le pido que me apee de ese "excelentísimo". Ni lo soy, ni lo he sido, ni lo seré. Soy solo un falangista de filas, un cristiano clase de tropa, un guripa que tuvo la suerte o la desgracia de volver vivo de Rusia, un viejo soñador y un abuelo embobado con sus nietos. Pero poco más, y desde luego, no merezco ese tratamiento. Tanto es así que me he pensado muy mucho el hacer público tu comentario, Antonio. Llámame camarada, que ese si es todo un timbre de honor. Y recibe mi abrazo.
A Al Neri le doy las gracias por los enlaces. Y a Alvaro Romero y a Antonio Rivera la difusión de esta humilde página.
Voy con Jose. Su comentario es el que me ha obligado a volver a entrar. Es cierto que se me olvidó. Gracias a mi nieta Alicia, que me ha convertido en letras el texto, rescatado de un libro de mi biblioteca, puedo pegar aquí el juramento.
Retransmitido por radio, presentes los jefes españoles que residían en Berlin, creo recordar que en julio de 1941, y ante Muñoz Grandes, su Estado Mayor, y los generales alemanes Cochenshausen y Fromm, este en representación de Hitler, tras una misa de campaña que no recuerdo quien ofició, el general Cochenhausen nos inquirió la formula de juramento de fidelidad en alemán, traducida por Troncoso.
¿Juráis ante Dios y por vuestro honor de españoles absoluta obediencia al Jefe del Ejército alemán Adolfo Hitler en la lucha contra el comunismo y juráis combatir como valientes soldados, dispuestos a dar vuestra vida en cada instante por cumplir ese juramento?
La respuesta, ya es conocida: Si, juro.
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Y ahora, mi petición.
Los noticiarios repiten que en Valencia, mi Valencia, hay un barco abortista holandés esperando que a él lleguen lanchas de mujeres que van a abortar.
Yo no se en que piensan los políticos, los periodistas de este país, que no ponen los puntos sobre las ies. Se que están en aguas internacionales, pero seguro que algún juego legal habrá para evitar esa atrocidad.
Rita, alcaldesa, quizá temas perder popularidad. Yo te digo, y creeme, aunque solo sea un viejo, que uno solo de esos niños que allí van a morir, vale más que todos los cargos del ayuntamiento de Valencia, que todos las concejalías del ayuntamiento, que el ayuntamiento en sí, que todos los ayuntamientos de España.
Yo no puedo hacer nada para evitarlo. Solo rezar. Rezar por esos niños, por sus madres que, sin verlo ahora, se castigan así su futuro, por todos esos miserables que con Pilar Bardén a la cabeza jalean esa monstruosidad y por los políticos y periodistas que lo permiten. Rezo por la salvación de sus almas.
Y pido a los que me lean, y crean, que recen conmigo. No hay que subestimar el poder de la oración.
lunes, 13 de octubre de 2008
Somos polvo...
Prometo hacer entrada doble esta semana, y contestar así a aquellos amables amigos que me han dejado sus mensajes.
Pero hoy no. Hoy, no puedo.
Es uno de esos días en los que uno toma conciencia del fin, de lo poco que somos.
Un amigo de la familia, al que llamaré Paco por abreviar, ha fallecido hoy. Un cáncer se lo ha llevado por delante con poco más de cincuenta años. No tenía con el más trato que el que se hace lógico de verlo en casa de uno de mis hijos y de conocer levemente a sus hijos, amigos de mis nietos. Pero lo que si he visto, ha sido el agujero que ha dejado.
La muerte, a mi edad, se ve con otra perspectiva. No se desea, porque de cualquier manera, esta es la orilla del río de la vida en la que quiero acampar, pero se es mucho más que consciente de que Caronte puede aparecer en cualquier momento y reclamarnos para el viaje.
Además, cuando uno es viejo y se va, la pena y el dolor quedan matizados por esa vieja y dura expresión que reza "es ley de vida". Pero cuando se va alguien con hijos pequeños, con padres vivos, rompiendo así la natural cadena que provoca el dolor infinito en los padres que ven partir antes a los hijos, cuando ese alguien deja muchas cosas pendientes, se multiplica el daño.
Nada somos. Intentamos dejar huella en la vida y apenas marcamos la arena de una playa donde Nuestro Señor puede soplar en cualquier momento y borrar nuestro rastro. Es algo que hemos de asumir y, aun así... se hace tan difícil.
Apenas me han dado la noticia, he tomado mi carnet de jubilado para el autobús y me he plantado en casa de Paco. Podría pensar que los hermanos del finado, sus cuñados... ya estarían ahí para prestar apoyo moral a la familia, a una familia que conocía en cierta forma de rebote. Pero algo me decía que tenía que estar ahí.
Al llegar me di cuenta de que mientras todos rodeaban a la madre y a la hija, el chaval, ya mayor, de casi 30 años, estaba solo. Entero, sin hablar con nadie y tragando por su garganta pedazos de dolor del tamaño de melocotones. Le abracé y, en ese momento, fue cuando rompió a llorar.
Hemos hablado mucho. Con él, apenas había cambiado antes más de cuatro o cinco frases largas, pero hoy hemos hablado como si nos conociéramos de siempre.
Le he hablado de la muerte. De la muerte que vi en mis camaradas, en mi hermano, en los horrores de la guerra que sufrí de niño y en la guerra que viví de joven. Y en la muerte que me hace notar su aliento en mi nuca cuando bajo la guardia. Pero no era la muerte lo que le dolía de verdad. Lo he visto pero no me atrevía a decírselo, hasta que al final, ha sido el quien me lo ha confesado: su dolor es porque no le había dicho a su padre algo muy simple y elemental: "Te quiero".
¿Porqué nos negamos a exteriorizar los hombres muchas veces sentimientos tan bellos y al tiempo simples?. No lo se.
Cuando volvía, cabizbajo y meditabundo en el autobús, pensaba que quizá no fuera casual mi impulso de acudir allí, sin esperar llamada de nadie. Que todo tiene un sentido.
Hasta la vida de un viejo.
Pero hoy no. Hoy, no puedo.
Es uno de esos días en los que uno toma conciencia del fin, de lo poco que somos.
Un amigo de la familia, al que llamaré Paco por abreviar, ha fallecido hoy. Un cáncer se lo ha llevado por delante con poco más de cincuenta años. No tenía con el más trato que el que se hace lógico de verlo en casa de uno de mis hijos y de conocer levemente a sus hijos, amigos de mis nietos. Pero lo que si he visto, ha sido el agujero que ha dejado.
La muerte, a mi edad, se ve con otra perspectiva. No se desea, porque de cualquier manera, esta es la orilla del río de la vida en la que quiero acampar, pero se es mucho más que consciente de que Caronte puede aparecer en cualquier momento y reclamarnos para el viaje.
Además, cuando uno es viejo y se va, la pena y el dolor quedan matizados por esa vieja y dura expresión que reza "es ley de vida". Pero cuando se va alguien con hijos pequeños, con padres vivos, rompiendo así la natural cadena que provoca el dolor infinito en los padres que ven partir antes a los hijos, cuando ese alguien deja muchas cosas pendientes, se multiplica el daño.
Nada somos. Intentamos dejar huella en la vida y apenas marcamos la arena de una playa donde Nuestro Señor puede soplar en cualquier momento y borrar nuestro rastro. Es algo que hemos de asumir y, aun así... se hace tan difícil.
Apenas me han dado la noticia, he tomado mi carnet de jubilado para el autobús y me he plantado en casa de Paco. Podría pensar que los hermanos del finado, sus cuñados... ya estarían ahí para prestar apoyo moral a la familia, a una familia que conocía en cierta forma de rebote. Pero algo me decía que tenía que estar ahí.
Al llegar me di cuenta de que mientras todos rodeaban a la madre y a la hija, el chaval, ya mayor, de casi 30 años, estaba solo. Entero, sin hablar con nadie y tragando por su garganta pedazos de dolor del tamaño de melocotones. Le abracé y, en ese momento, fue cuando rompió a llorar.
Hemos hablado mucho. Con él, apenas había cambiado antes más de cuatro o cinco frases largas, pero hoy hemos hablado como si nos conociéramos de siempre.
Le he hablado de la muerte. De la muerte que vi en mis camaradas, en mi hermano, en los horrores de la guerra que sufrí de niño y en la guerra que viví de joven. Y en la muerte que me hace notar su aliento en mi nuca cuando bajo la guardia. Pero no era la muerte lo que le dolía de verdad. Lo he visto pero no me atrevía a decírselo, hasta que al final, ha sido el quien me lo ha confesado: su dolor es porque no le había dicho a su padre algo muy simple y elemental: "Te quiero".
¿Porqué nos negamos a exteriorizar los hombres muchas veces sentimientos tan bellos y al tiempo simples?. No lo se.
Cuando volvía, cabizbajo y meditabundo en el autobús, pensaba que quizá no fuera casual mi impulso de acudir allí, sin esperar llamada de nadie. Que todo tiene un sentido.
Hasta la vida de un viejo.
martes, 30 de septiembre de 2008
De vuelta
Cuestiones de orden:
Debo agradecer a los amigos y camaradas que me han mandado comentarios agradables su interés y buenos deseos hacia mi. Algún mensaje privado ha llegado y tomo muy buena nota de lo que se dice. Entre esos agradecimientos, debo destacar la labor insistente de mis nietos, en particular Alicia, que me pedían continuamente que escribiera, venciendo a la natural pereza de mi edad. También agradezco a los imbéciles que se dedican a intentar asustar a este viejo con las amenazas e insultos de siempre, por ayudarme a mantenerme vivo. Idiotas, todo mi desprecio para vosotros, y mi condolencia a vuestras familias por soportar las supuraciones de vuestras blenorragias mentales.
Alicia, además de las peripecias que aquí cuenta, sirviéndome de apoyo incondicional, de báculo para la vejez que se decía en mis tiempos mozos, ha tomado desde que regresé a la ciudad hace unos días una costumbre para mi muy agradable(inciso: mi intención era alargarlo, pero el tiempo meteorológico y el mio cronológico hacían que no aguantase ya a los pesados de mis hijos, que me pedían que no me quedara solo en la playa). La costumbre a que hacía referencia deviene de un momento cima, de una catarsis personal: Alicia ha mudado su vida desde hace unos meses. Ha cambiado de carrera, "convalidando" -me dice, a mi lado, que es la palabra- las asignaturas que ha podido, pero no hacia una más fácil, sino hacia una ingeniería más dura. Y para encontrar un mejor ambiente de estudios, pasa muchas horas de tarde en mi casa. Mis vicios caseros son breves y silenciosos: leer y escribir, o, como mucho, escuchar música clásica, lo que no me importa hacer con auriculares.
De forma egoísta, me gusta estar con ella, me contagia su juventud. Además, ahora que su padre no me lee, diré con orgullo que cada día la veo más cerca de no esa forma de pensar, sino esa manera de ser, que es la Falange.
Y este último comentario me lleva a hacer uno de mis primeros "cortos". Aunque siempre trato de ser breve, tengo muchas cosas en mi macuto guardadas desde este verano, así que sin más voy con ellos. Me aprovecho, si, de mi nieta, que se ofrece a teclear cuando mis dedos se cansen. No es el caso aun.
1.- De libros.
Este largo verano he tenido tiempo para leer y releer. Leer cosa pendientes y Releer cosas eternas. Conmigo han viajado mis viejos tomos con las "obras completas" (que no son tales) de Onésimo Redondo. Desde hace unos 30 años no bajaban del anaquel y decidí darles una relectura.
El primer tomo me llegó a hispanoamérica como un presente. Lleva al dedicatoria de José Antonio Girón. En la última página de la introducción que el ministro hacía, subrayadas con pluma estilográfica aparecen las líneas:
"Su ejemplo presida nuestras jornadas. Si fuéramos infieles a él seríamos infieles a la Patria que él amó hasta la inmolación"
En aquellos años, esta frase pasaría desapercibida entre los discursos habituales, aun en unos años en que nosotros, los falangistas, no manteníamos ya las mismas posiciones que poco tiempo atrás. Recuerdo que durante unos años pensé que quizá si, habíamos sido infieles, aunque esa pesadumbre se desvanecía al enfocar la memoria y ver que no hubo infidelidad por nuestra parte, sino quizá un exceso de ella a quien, aun mereciéndola en principio, no supo hacerse acreedor de ella.
Hoy, esa frase, resulta impactante. Tanto es así, al menos para este corazón viejo que solo sabe ya latir en azul, que me persiguió durante un par de semanas.
Porque entonces, no casualidad, pues no creo en el azar, Fernando, de quien creo aquí he hablado, vino a verme al apartamento. Fernando había pasado unos días en Madrid y de allí me trajo un regalo, un libro. Un libro que me reconcilió con ese pensamiento que traía aquí.
Entonces desconocía ese libro por completo. A mi regreso, hace unos días, visitando las cuatro o cinco páginas que me merecen interés, me di de bruces con el en esa página de críticas literarias que alguna vez he citado aquí "Palabra obra". Y confirmé, pues ya traía leído el libro desde la playa, y abundantemente anotado, que su criterio al seleccionar textos me sigue gustando, pues no recuerdo un libro que me mantuviera atento tanto tiempo desde hace años.
Su título es "Por los caminos del adiós". Por razones que son evidentes, al tratarse de una estrofa del himno de la división, cuando vi el libro que traía Fernando, llamó mi atención. Solo con leer la contraportada creí entender que no me desagradaría su lectura. Y no, no lo hizo...
No es un libro sobre la División Azul, aunque se habla de ella. Y no con mentiras, ni con medias verdades. Lo que se dice de ella, lo acepto, con algunos matices, como propio. Y en general el libro lo considero tan imprescindible que se lo he recomendado a todos mis nietos. (Alicia lee encima de mi hombro y sonríe, pues ella lo tiene en su casa desde hace diez días). No estoy de acuerdo en su totalidad con él, pues esto lo reputo imposible, pero si lo considero honrado y cabal. Un libro necesario, al menos para todos aquellos que se crean falangistas. O que en un momento dado de su vida lo fuesen.
2.- De política internacional.
Obama y McCain, más el primero que el segundo por intereses claros, ocupan los telediarios. Y de repente, llegan los vicepresidentes. Llega Palin y, disculpas, no recuerdo el vice de Obama.
Y los estúpidos de siempre tratan de comparar demócratas con socialistas y republicanos con populares. Demostrando un total desconocimiento de la sociedad norteamericana. No hay nada más conservador, pro ejemplo, que un demócrata del sur. Ese adalid de la paz que hoy se nos vende que fue Kenedy, fue quien más cerca estuvo de organizar la tercera guerra mundial.
Entre Obama y McCain yo hago mi elección: ninguno. Aunque, reconozco, que alguna declaración de Obama me ha chirriado tanto, que no puedo dejar de mirar, no por méritos propios, sino por demérito del adversario, al héroe militar norteamericano (esa es otra) que se le opone.
3.- El Valle.
Mi nieta ha contado algo del viaje que hicimos mediado el mes de agosto. No ha contado un par de cosas. Una, no la contaré, pues es un secreto suyo y mio. Otra, algo que me alegró, una anécdota, una simple anécdota.
Yo salí vestido "de civil", desde la Playa. Donde comimos me cambié de camisa, para cubrir mi pecho de azul, y con ella me quedé hasta que paramos de regreso por primera vez (la vieja vejiga obliga). Cuando entramos en el restaurante de la gasolinera, yo llevaba la bolsa con la camisa de verano, para entrar en el baño.
Pues bien, cuando salimos de allí, escuché a un padre cantarle a su hijo pequeño el "Yo tenía un camarada". Pensando que se reía de mi, a pesar de que mi nieta me pedía lo contrario, fui a hablar con él. Unas breves palabras bastaron para sacarme de la confusión. Y rubricándolo, su hijo mayor, de unos 7 años, me la cantó de arriba a abajo. Fue un encuentro inesperado pero muy agradable, que me ha traído el regalo de un par de nuevos camaradas, pues su mujer también lo es, y de sus hijos, que han prometido pasar el próximo verano por Valencia.
Yo pensaba que a mi edad solo estaba en disposición de enterrar a mis camaradas o a mi mismo, y no de ganar nuevos. Se ve que no.
4.- La desgracia.
Al volver me cuenta un vecino como, en un patio no muy lejano, un tipo mató a su mujer y después se suicidó.
¿Porqué esos chalados no invierten el orden?. Primero, deberían suicidarse, y después hacer lo que quieran.
5.- El propósito.
Me propongo hacer al menos una intervención semanal, más breve o más larga, según mi estado de ánimo y físico. Y si no puedo, siempre me quedará Alicia para hacerme de "nurse".
Y nada más. Encantado de volver a mi casa, con mis libros... y con esta página, que me ha faltado este verano.
Debo agradecer a los amigos y camaradas que me han mandado comentarios agradables su interés y buenos deseos hacia mi. Algún mensaje privado ha llegado y tomo muy buena nota de lo que se dice. Entre esos agradecimientos, debo destacar la labor insistente de mis nietos, en particular Alicia, que me pedían continuamente que escribiera, venciendo a la natural pereza de mi edad. También agradezco a los imbéciles que se dedican a intentar asustar a este viejo con las amenazas e insultos de siempre, por ayudarme a mantenerme vivo. Idiotas, todo mi desprecio para vosotros, y mi condolencia a vuestras familias por soportar las supuraciones de vuestras blenorragias mentales.
Alicia, además de las peripecias que aquí cuenta, sirviéndome de apoyo incondicional, de báculo para la vejez que se decía en mis tiempos mozos, ha tomado desde que regresé a la ciudad hace unos días una costumbre para mi muy agradable(inciso: mi intención era alargarlo, pero el tiempo meteorológico y el mio cronológico hacían que no aguantase ya a los pesados de mis hijos, que me pedían que no me quedara solo en la playa). La costumbre a que hacía referencia deviene de un momento cima, de una catarsis personal: Alicia ha mudado su vida desde hace unos meses. Ha cambiado de carrera, "convalidando" -me dice, a mi lado, que es la palabra- las asignaturas que ha podido, pero no hacia una más fácil, sino hacia una ingeniería más dura. Y para encontrar un mejor ambiente de estudios, pasa muchas horas de tarde en mi casa. Mis vicios caseros son breves y silenciosos: leer y escribir, o, como mucho, escuchar música clásica, lo que no me importa hacer con auriculares.
De forma egoísta, me gusta estar con ella, me contagia su juventud. Además, ahora que su padre no me lee, diré con orgullo que cada día la veo más cerca de no esa forma de pensar, sino esa manera de ser, que es la Falange.
Y este último comentario me lleva a hacer uno de mis primeros "cortos". Aunque siempre trato de ser breve, tengo muchas cosas en mi macuto guardadas desde este verano, así que sin más voy con ellos. Me aprovecho, si, de mi nieta, que se ofrece a teclear cuando mis dedos se cansen. No es el caso aun.
1.- De libros.
Este largo verano he tenido tiempo para leer y releer. Leer cosa pendientes y Releer cosas eternas. Conmigo han viajado mis viejos tomos con las "obras completas" (que no son tales) de Onésimo Redondo. Desde hace unos 30 años no bajaban del anaquel y decidí darles una relectura.
El primer tomo me llegó a hispanoamérica como un presente. Lleva al dedicatoria de José Antonio Girón. En la última página de la introducción que el ministro hacía, subrayadas con pluma estilográfica aparecen las líneas:
"Su ejemplo presida nuestras jornadas. Si fuéramos infieles a él seríamos infieles a la Patria que él amó hasta la inmolación"
En aquellos años, esta frase pasaría desapercibida entre los discursos habituales, aun en unos años en que nosotros, los falangistas, no manteníamos ya las mismas posiciones que poco tiempo atrás. Recuerdo que durante unos años pensé que quizá si, habíamos sido infieles, aunque esa pesadumbre se desvanecía al enfocar la memoria y ver que no hubo infidelidad por nuestra parte, sino quizá un exceso de ella a quien, aun mereciéndola en principio, no supo hacerse acreedor de ella.
Hoy, esa frase, resulta impactante. Tanto es así, al menos para este corazón viejo que solo sabe ya latir en azul, que me persiguió durante un par de semanas.
Porque entonces, no casualidad, pues no creo en el azar, Fernando, de quien creo aquí he hablado, vino a verme al apartamento. Fernando había pasado unos días en Madrid y de allí me trajo un regalo, un libro. Un libro que me reconcilió con ese pensamiento que traía aquí.
Entonces desconocía ese libro por completo. A mi regreso, hace unos días, visitando las cuatro o cinco páginas que me merecen interés, me di de bruces con el en esa página de críticas literarias que alguna vez he citado aquí "Palabra obra". Y confirmé, pues ya traía leído el libro desde la playa, y abundantemente anotado, que su criterio al seleccionar textos me sigue gustando, pues no recuerdo un libro que me mantuviera atento tanto tiempo desde hace años.
Su título es "Por los caminos del adiós". Por razones que son evidentes, al tratarse de una estrofa del himno de la división, cuando vi el libro que traía Fernando, llamó mi atención. Solo con leer la contraportada creí entender que no me desagradaría su lectura. Y no, no lo hizo...
No es un libro sobre la División Azul, aunque se habla de ella. Y no con mentiras, ni con medias verdades. Lo que se dice de ella, lo acepto, con algunos matices, como propio. Y en general el libro lo considero tan imprescindible que se lo he recomendado a todos mis nietos. (Alicia lee encima de mi hombro y sonríe, pues ella lo tiene en su casa desde hace diez días). No estoy de acuerdo en su totalidad con él, pues esto lo reputo imposible, pero si lo considero honrado y cabal. Un libro necesario, al menos para todos aquellos que se crean falangistas. O que en un momento dado de su vida lo fuesen.
2.- De política internacional.
Obama y McCain, más el primero que el segundo por intereses claros, ocupan los telediarios. Y de repente, llegan los vicepresidentes. Llega Palin y, disculpas, no recuerdo el vice de Obama.
Y los estúpidos de siempre tratan de comparar demócratas con socialistas y republicanos con populares. Demostrando un total desconocimiento de la sociedad norteamericana. No hay nada más conservador, pro ejemplo, que un demócrata del sur. Ese adalid de la paz que hoy se nos vende que fue Kenedy, fue quien más cerca estuvo de organizar la tercera guerra mundial.
Entre Obama y McCain yo hago mi elección: ninguno. Aunque, reconozco, que alguna declaración de Obama me ha chirriado tanto, que no puedo dejar de mirar, no por méritos propios, sino por demérito del adversario, al héroe militar norteamericano (esa es otra) que se le opone.
3.- El Valle.
Mi nieta ha contado algo del viaje que hicimos mediado el mes de agosto. No ha contado un par de cosas. Una, no la contaré, pues es un secreto suyo y mio. Otra, algo que me alegró, una anécdota, una simple anécdota.
Yo salí vestido "de civil", desde la Playa. Donde comimos me cambié de camisa, para cubrir mi pecho de azul, y con ella me quedé hasta que paramos de regreso por primera vez (la vieja vejiga obliga). Cuando entramos en el restaurante de la gasolinera, yo llevaba la bolsa con la camisa de verano, para entrar en el baño.
Pues bien, cuando salimos de allí, escuché a un padre cantarle a su hijo pequeño el "Yo tenía un camarada". Pensando que se reía de mi, a pesar de que mi nieta me pedía lo contrario, fui a hablar con él. Unas breves palabras bastaron para sacarme de la confusión. Y rubricándolo, su hijo mayor, de unos 7 años, me la cantó de arriba a abajo. Fue un encuentro inesperado pero muy agradable, que me ha traído el regalo de un par de nuevos camaradas, pues su mujer también lo es, y de sus hijos, que han prometido pasar el próximo verano por Valencia.
Yo pensaba que a mi edad solo estaba en disposición de enterrar a mis camaradas o a mi mismo, y no de ganar nuevos. Se ve que no.
4.- La desgracia.
Al volver me cuenta un vecino como, en un patio no muy lejano, un tipo mató a su mujer y después se suicidó.
¿Porqué esos chalados no invierten el orden?. Primero, deberían suicidarse, y después hacer lo que quieran.
5.- El propósito.
Me propongo hacer al menos una intervención semanal, más breve o más larga, según mi estado de ánimo y físico. Y si no puedo, siempre me quedará Alicia para hacerme de "nurse".
Y nada más. Encantado de volver a mi casa, con mis libros... y con esta página, que me ha faltado este verano.
domingo, 13 de enero de 2008
Gracias
Me da vergüenza publicar algunos comentarios, porque parece que al hacerlo caigo sencillamente en la inmodestia.
No puedo dejar de escribir una sencilla línea:
"Escuetamente, gracias, como corresponde al laconismo militar de nuestro estilo"
No puedo dejar de escribir una sencilla línea:
"Escuetamente, gracias, como corresponde al laconismo militar de nuestro estilo"
miércoles, 2 de enero de 2008
Carta a los Reyes
A los Magos. Los otros, no me gustan nada.
Mi carta es muy simple: para mi y los mios, salud y medios para sobrevivir a los avatares de esta España presocialista.
Para España, Justicia Social. Que ya va siendo hora.
Para los políticos, ricino. Por via oral o anal, a elegir.
Para el mundo, paz.
Para todos, amor.
Mi carta es muy simple: para mi y los mios, salud y medios para sobrevivir a los avatares de esta España presocialista.
Para España, Justicia Social. Que ya va siendo hora.
Para los políticos, ricino. Por via oral o anal, a elegir.
Para el mundo, paz.
Para todos, amor.
viernes, 14 de diciembre de 2007
¿Y Franco que opina de esto?
Aprovechando la vida muelle del jubilado, he estado unos días en el hotel Victoria de El Escorial. Andando por sus calles me encontré unas pintadas curiosas.
Una decía "Franco, traidor" y la otra "Franco era negro".
La segunda es muestra de varias cosas, a destacar la idiotez del pintor de ocasión y su ignorancia histórica. Muchas cosas puede apuntarse en el debe de Franco, pero no su racismo.
En cuanto a la primera, me trajo recuerdos que han sido avivados al leer algunos comentarios que se han dejado en esta página.
En nuestra juventud, pronto quedó claro que el régimen del 18 de julio no tenia como principal aspiración el llevar a cabo la revolución nacionalsindicalista. Ante esto, se produjeron muchas actitudes, que fueron desde el simple acomodo al régimen para intentar desde él hacer lo posible por aplicar nuestra doctrina, siendo el ejemplo más recurrente del de José Antonio Girón, hasta la misma tentativa de asesinato al Caudillo.
En todos los casos, el "Franco, traidor", tarde o temprano acababa asomando. En algún caso de forma exaltada, en otros casi ritual, delante de un par de copas de coñac.
Yo solo puedo hablar por mi. Por mi y otros que, como yo, nos fuimos a Rusia por muchos factores, de entre los que despuntaba un cierto hastío por lo que íbamos viendo en España. Serví como funcionario al régimen, pero siempre escapé de las designaciones políticas. Para algunos simplemente fui un franquista más. La verdad es que en muchas ocasiones las reflexiones son a posteriori. La vida, eso que pasa mientras tu te empeñas en hacer planes, no me dejaba más que decisiones a corto y medio plazo.
Pero no quiero hablar del pasado. Quiero hablar del presente. Conocí a un escritor, Ángel Palomino, que firmaba en El Alcázar como "G. Campanal". Palomino me dijo una vez que los verdaderos franquistas son los socialistas, que desentierran a Franco regularmente para achacarle todos los males. Ellos le siguen necesitando.
Yo, no. Franco es parte de la historia de España. Le debemos la existencia misma de España, pues estoy seguro de que sin el, España no existiría. Pero no le debo el recuerdo emocionado que, por ejemplo, me genera José Antonio.
Creo que es un error de todos, de comunistas a falangistas, el seguir hablando de Franco, excepto para temas meramente históricos. Para bien o para mal, Franco era un hombre, solo un hombre. No puede ni va a resucitar.
Miremos al futuro.
Una decía "Franco, traidor" y la otra "Franco era negro".
La segunda es muestra de varias cosas, a destacar la idiotez del pintor de ocasión y su ignorancia histórica. Muchas cosas puede apuntarse en el debe de Franco, pero no su racismo.
En cuanto a la primera, me trajo recuerdos que han sido avivados al leer algunos comentarios que se han dejado en esta página.
En nuestra juventud, pronto quedó claro que el régimen del 18 de julio no tenia como principal aspiración el llevar a cabo la revolución nacionalsindicalista. Ante esto, se produjeron muchas actitudes, que fueron desde el simple acomodo al régimen para intentar desde él hacer lo posible por aplicar nuestra doctrina, siendo el ejemplo más recurrente del de José Antonio Girón, hasta la misma tentativa de asesinato al Caudillo.
En todos los casos, el "Franco, traidor", tarde o temprano acababa asomando. En algún caso de forma exaltada, en otros casi ritual, delante de un par de copas de coñac.
Yo solo puedo hablar por mi. Por mi y otros que, como yo, nos fuimos a Rusia por muchos factores, de entre los que despuntaba un cierto hastío por lo que íbamos viendo en España. Serví como funcionario al régimen, pero siempre escapé de las designaciones políticas. Para algunos simplemente fui un franquista más. La verdad es que en muchas ocasiones las reflexiones son a posteriori. La vida, eso que pasa mientras tu te empeñas en hacer planes, no me dejaba más que decisiones a corto y medio plazo.
Pero no quiero hablar del pasado. Quiero hablar del presente. Conocí a un escritor, Ángel Palomino, que firmaba en El Alcázar como "G. Campanal". Palomino me dijo una vez que los verdaderos franquistas son los socialistas, que desentierran a Franco regularmente para achacarle todos los males. Ellos le siguen necesitando.
Yo, no. Franco es parte de la historia de España. Le debemos la existencia misma de España, pues estoy seguro de que sin el, España no existiría. Pero no le debo el recuerdo emocionado que, por ejemplo, me genera José Antonio.
Creo que es un error de todos, de comunistas a falangistas, el seguir hablando de Franco, excepto para temas meramente históricos. Para bien o para mal, Franco era un hombre, solo un hombre. No puede ni va a resucitar.
Miremos al futuro.
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jueves, 29 de noviembre de 2007
Carta abierta a dos camaradas
Hace años la palabra camarada se usaba tanto que no tenia valor. Pasó el tiempo y empezó a ser maldita en periódicos, radios... hoy, es un timbre de honor el recibirla, y un lujo el poder emplearla.
La empleo hoy para contestar a dos visitantes, cuyas aportaciones si he dejado pasar por la puerta. Uno me llamó la atención desde el propio nombre que emplea, 27 puntos, invocando algo que fue durante años una pequeña tortura en los conciliábulos azules: la pérdida del vigesimoséptimo, que aceptamos para ganar la guerra pero que nos hizo, como contaba un agudo periodista, perder un poco la paz. Otro, con la simple alusión a los luceros, ya me muestra más que con cualquier discurso.
Hace mucho que, excepto en mi círculo más intimo, y aun dentro de este con una reducción alarmante, no empleaba el término.
Pues bien, camaradas: mi duda sobre abandonar o no, no era por la posible inutilidad de estas lineas ni, por supuesto, por cobardía. Era por no tener claro si esto era un flaco favor a tantos y tantos que en esos luceros esperan.
Dándole vueltas, mientras recibía mi dosis de ricino televisivo, el teléfono sonó. Dejé que sonara y no respondí. Y no se como, pero asocié el sonido al metal golpeando el suelo en Possad ese maldito diciembre. Y recuerdo los ojos cristalinos de Enrique mirándome, mirándonos. Y oigo aun su voz.
Brillen al sol mis flechas en el haz, para ti,
que mi vuelta alborozada has de esperar.
Recuerdo la pierna astillada de Álvaro. Su sangre empapándonos y ni una queja. Su silencio eran clarines.
No. Tenéis razón. El error es no querer escuchar esa voz.
No se si esto lo leerán dos, doscientos o dos mil. Pero se que Enrique y Álvaro lo hará desde sus luceros.
No lo dejaré.
Va por vosotros cuatro. Y por mis nietos.
La empleo hoy para contestar a dos visitantes, cuyas aportaciones si he dejado pasar por la puerta. Uno me llamó la atención desde el propio nombre que emplea, 27 puntos, invocando algo que fue durante años una pequeña tortura en los conciliábulos azules: la pérdida del vigesimoséptimo, que aceptamos para ganar la guerra pero que nos hizo, como contaba un agudo periodista, perder un poco la paz. Otro, con la simple alusión a los luceros, ya me muestra más que con cualquier discurso.
Hace mucho que, excepto en mi círculo más intimo, y aun dentro de este con una reducción alarmante, no empleaba el término.
Pues bien, camaradas: mi duda sobre abandonar o no, no era por la posible inutilidad de estas lineas ni, por supuesto, por cobardía. Era por no tener claro si esto era un flaco favor a tantos y tantos que en esos luceros esperan.
Dándole vueltas, mientras recibía mi dosis de ricino televisivo, el teléfono sonó. Dejé que sonara y no respondí. Y no se como, pero asocié el sonido al metal golpeando el suelo en Possad ese maldito diciembre. Y recuerdo los ojos cristalinos de Enrique mirándome, mirándonos. Y oigo aun su voz.
Brillen al sol mis flechas en el haz, para ti,
que mi vuelta alborozada has de esperar.
Recuerdo la pierna astillada de Álvaro. Su sangre empapándonos y ni una queja. Su silencio eran clarines.
No. Tenéis razón. El error es no querer escuchar esa voz.
No se si esto lo leerán dos, doscientos o dos mil. Pero se que Enrique y Álvaro lo hará desde sus luceros.
No lo dejaré.
Va por vosotros cuatro. Y por mis nietos.
domingo, 25 de noviembre de 2007
Seguir o no
Cuando me hice el propósito de hacer público estos pensamientos, me dije que iba a ser impermeable a elogios (pocos) y críticas (a buen seguro que muchas, y de dudoso gusto).
Me creí invulnerable, dada mi edad. Sin nada que perder y sin que me importe un ápice la opinión extraña, menos si viene de determinados ambientes podridos.
Pero me engañaba.
Bastó un comentario, que por elegancia y por no romper el estilo no hice público. Uno solo. Uno que me decía que ojalá me hubiera muerto en el frente ruso con mis camaradas.
Claro que el no lo decía así. Pero no voy a orear las miseras ajenas.
He estado muchos días sin escribir, pensando.
Y he descubierto que en el fondo tiene razón. Que debería haber muerto en Rusia. Debería haber caído en la lucha por el ideal que nos enunció José Antonio. Entonces estaría en el paraíso difícil. El paraíso que el Jefe nos prometió. El paraíso donde tantos, como mi querido camarada Ernesto Giménez Caballero, quizá me esperen, llamados por el Jefe.
Un Jefe milagroso (¿Profeta, Apóstol, Soñador?) que, como Cristo sólo pedía sacrificio y prometía dificultades. Un jefe, dueño de un Paraíso difícil, al que no se sube por escaleras de alfombras suntuosas o rápidos ascensores. Un paraíso de peldaños de esfuerzo, fatiga, dolor e incomprensión. Un Paraíso duro y hermético, en el que sólo cabrán los justos. Un Paraíso incomprensible para quienes tienen del Paraíso de los Arcángeles una visión burguesa. Un Paraíso sin arpas ni alas de plumas. Un Paraíso con tambores y flechas.
Seguiremos.
Me creí invulnerable, dada mi edad. Sin nada que perder y sin que me importe un ápice la opinión extraña, menos si viene de determinados ambientes podridos.
Pero me engañaba.
Bastó un comentario, que por elegancia y por no romper el estilo no hice público. Uno solo. Uno que me decía que ojalá me hubiera muerto en el frente ruso con mis camaradas.
Claro que el no lo decía así. Pero no voy a orear las miseras ajenas.
He estado muchos días sin escribir, pensando.
Y he descubierto que en el fondo tiene razón. Que debería haber muerto en Rusia. Debería haber caído en la lucha por el ideal que nos enunció José Antonio. Entonces estaría en el paraíso difícil. El paraíso que el Jefe nos prometió. El paraíso donde tantos, como mi querido camarada Ernesto Giménez Caballero, quizá me esperen, llamados por el Jefe.
Un Jefe milagroso (¿Profeta, Apóstol, Soñador?) que, como Cristo sólo pedía sacrificio y prometía dificultades. Un jefe, dueño de un Paraíso difícil, al que no se sube por escaleras de alfombras suntuosas o rápidos ascensores. Un paraíso de peldaños de esfuerzo, fatiga, dolor e incomprensión. Un Paraíso duro y hermético, en el que sólo cabrán los justos. Un Paraíso incomprensible para quienes tienen del Paraíso de los Arcángeles una visión burguesa. Un Paraíso sin arpas ni alas de plumas. Un Paraíso con tambores y flechas.
Seguiremos.
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