Soy Alicia.
El otro día, en casa nos quedamos helados viendo el telediario. Al ver las noticias, pensamos todos "parece que Garzón esté apuntando al abuelo".
Le llamé por teléfono y, con la voz más tranquila que nunca le había oído, me dijo algo que entonces no entendí, y que al comentarselo a mi padre me explicó. Me dijo algo muy simple: "No importa". Mi padre me contó que así se llamaba al boletín que la Falange publicaba los días de la persecución.
Me fui a su casa después de la cena y lo que vi me impactó. Con un profundo cabreo (le pido perdón, a él no le gusta que emplee este lenguaje) le vi organizar papeles. Me explicó que buscaba toda aquella documentación que relacionara sus actividades con la Falange y/o el Movimiento, para enviarselos a Garzón a su despacho. Llamé a casa y vino mi padre. Nos costó mucho hacerle desistir de la idea.
Esta mañana he empezado a llamar por teléfono y, esta noche, en lugar de ir de fiesta, hemos venido a su casa diez amigos. Amigos, nietos y amigos de sus nietos...
Y los diez nos hemos hecho un juramento: acompañar a mi abuelo en lo que venga, y aceptar como propias todas las decisiones que a partir de ahora tome. Si hay que correr con gastos, cada uno en la medida de sus posibilidades (hay algun estudiante entre nosotros, como yo misma) tomará parte de ellos.
Mi abuelo, que es alguien con una moral dificil de quebrar, se ha emocionado tanto con esta reunión improvisada que nos ha pedido disculpas para ir a acostarse. Le he preguntado si tenía inconveniente en que lo contara aquí y me ha dejado libertad para hacer lo que yo pensara mejor "en este momento tengo las entendederas nubladas", me ha dicho. Al principio quería quitarnos de la cabeza cualquier cosa parecida a ésta decisión. Insistía que lo que tenía era ganas de ver en que quedaba esto, y que para eso no necesitaba embarcar a nadie más. Aquí, mi amigo Fernando, le ha ganado la mano. Cuando Fernando le dijo "somos tus camaradas. No nos dejes fuera", yo ya sabía que mi abuelo daría su brazo a torcer.
Pienso que lo que hacemos es lo correcto y quiero compartirlo con quien se que, desde la distancia, tambien le aprecia.
Y ahora me vuelvo con los demás al salón. Aprovecharemos, con el permiso de mi abuelo, para grabar unos discos que guarda como oro en paño de la Cadena Azul de Radiodifusión, algo que hasta hoy mismo no sabía ni que existía. Eso se lo debemos tambien a Fernando, que es un estudioso sobre la OJE.
La noche será larga. Larga y falangista. Es la primera vez que me llamo así a mi misma.
sábado, 18 de octubre de 2008
viernes, 17 de octubre de 2008
Garzón
En Paraguay dejé muchos años y muy buenos amigos. El hijo de uno de ellos, Ovidio, hoy en un grupo político llamado "UNACE" contactó conmigo ayer.
A Paraguay llegaron las noticias sobre Garzon y su desbarre mediático, y Ovidio me invitaba a volver allí, textualmente, a pesar de Lugo.
No. No tengo miedo ninguno. Aquí espero tranquilamente, a que me imputen, que registren mi casa y se lleven mis libros, medallas, bustos, recuerdos y mi vieja camisa azul, conmigo dentro. Esperando que venga quizá la Guardia Civil a manchar su uniforme con la sangre de un pobre viejo, porque de otra manera no creo que lo hicieran.
Este viejo no se asusta. Este viejo conoce lo que fueron las chekas y está preparado para su vuelta. Conoce la guerra, y eso es algo que no hay que olvidar.
Resulta que hasta ha pedido el certificado de defunción de Franco. ¿Y si resulta que le dicen que Franco está vivo?. Creo que Garzón se ensuciaría encima y saldría de España en la primera patera disponible.
Esta semana ya llevo tres entradas. Pero si no escribía esto, mi corazón reventaba.
A Paraguay llegaron las noticias sobre Garzon y su desbarre mediático, y Ovidio me invitaba a volver allí, textualmente, a pesar de Lugo.
No. No tengo miedo ninguno. Aquí espero tranquilamente, a que me imputen, que registren mi casa y se lleven mis libros, medallas, bustos, recuerdos y mi vieja camisa azul, conmigo dentro. Esperando que venga quizá la Guardia Civil a manchar su uniforme con la sangre de un pobre viejo, porque de otra manera no creo que lo hicieran.
Este viejo no se asusta. Este viejo conoce lo que fueron las chekas y está preparado para su vuelta. Conoce la guerra, y eso es algo que no hay que olvidar.
Resulta que hasta ha pedido el certificado de defunción de Franco. ¿Y si resulta que le dicen que Franco está vivo?. Creo que Garzón se ensuciaría encima y saldría de España en la primera patera disponible.
Esta semana ya llevo tres entradas. Pero si no escribía esto, mi corazón reventaba.
jueves, 16 de octubre de 2008
Lo prometido es deuda
Decía el lunes pasado que esta semana dedicaría otro día a contestar alguna respuesta.
Esta vez seré breve, pues hay algo que quiero pedir al que me lea.
Pero vamos con los comentarios.
A Antonio Rivera le pido que me apee de ese "excelentísimo". Ni lo soy, ni lo he sido, ni lo seré. Soy solo un falangista de filas, un cristiano clase de tropa, un guripa que tuvo la suerte o la desgracia de volver vivo de Rusia, un viejo soñador y un abuelo embobado con sus nietos. Pero poco más, y desde luego, no merezco ese tratamiento. Tanto es así que me he pensado muy mucho el hacer público tu comentario, Antonio. Llámame camarada, que ese si es todo un timbre de honor. Y recibe mi abrazo.
A Al Neri le doy las gracias por los enlaces. Y a Alvaro Romero y a Antonio Rivera la difusión de esta humilde página.
Voy con Jose. Su comentario es el que me ha obligado a volver a entrar. Es cierto que se me olvidó. Gracias a mi nieta Alicia, que me ha convertido en letras el texto, rescatado de un libro de mi biblioteca, puedo pegar aquí el juramento.
Retransmitido por radio, presentes los jefes españoles que residían en Berlin, creo recordar que en julio de 1941, y ante Muñoz Grandes, su Estado Mayor, y los generales alemanes Cochenshausen y Fromm, este en representación de Hitler, tras una misa de campaña que no recuerdo quien ofició, el general Cochenhausen nos inquirió la formula de juramento de fidelidad en alemán, traducida por Troncoso.
¿Juráis ante Dios y por vuestro honor de españoles absoluta obediencia al Jefe del Ejército alemán Adolfo Hitler en la lucha contra el comunismo y juráis combatir como valientes soldados, dispuestos a dar vuestra vida en cada instante por cumplir ese juramento?
La respuesta, ya es conocida: Si, juro.
------------------------------------
Y ahora, mi petición.
Los noticiarios repiten que en Valencia, mi Valencia, hay un barco abortista holandés esperando que a él lleguen lanchas de mujeres que van a abortar.
Yo no se en que piensan los políticos, los periodistas de este país, que no ponen los puntos sobre las ies. Se que están en aguas internacionales, pero seguro que algún juego legal habrá para evitar esa atrocidad.
Rita, alcaldesa, quizá temas perder popularidad. Yo te digo, y creeme, aunque solo sea un viejo, que uno solo de esos niños que allí van a morir, vale más que todos los cargos del ayuntamiento de Valencia, que todos las concejalías del ayuntamiento, que el ayuntamiento en sí, que todos los ayuntamientos de España.
Yo no puedo hacer nada para evitarlo. Solo rezar. Rezar por esos niños, por sus madres que, sin verlo ahora, se castigan así su futuro, por todos esos miserables que con Pilar Bardén a la cabeza jalean esa monstruosidad y por los políticos y periodistas que lo permiten. Rezo por la salvación de sus almas.
Y pido a los que me lean, y crean, que recen conmigo. No hay que subestimar el poder de la oración.
Esta vez seré breve, pues hay algo que quiero pedir al que me lea.
Pero vamos con los comentarios.
A Antonio Rivera le pido que me apee de ese "excelentísimo". Ni lo soy, ni lo he sido, ni lo seré. Soy solo un falangista de filas, un cristiano clase de tropa, un guripa que tuvo la suerte o la desgracia de volver vivo de Rusia, un viejo soñador y un abuelo embobado con sus nietos. Pero poco más, y desde luego, no merezco ese tratamiento. Tanto es así que me he pensado muy mucho el hacer público tu comentario, Antonio. Llámame camarada, que ese si es todo un timbre de honor. Y recibe mi abrazo.
A Al Neri le doy las gracias por los enlaces. Y a Alvaro Romero y a Antonio Rivera la difusión de esta humilde página.
Voy con Jose. Su comentario es el que me ha obligado a volver a entrar. Es cierto que se me olvidó. Gracias a mi nieta Alicia, que me ha convertido en letras el texto, rescatado de un libro de mi biblioteca, puedo pegar aquí el juramento.
Retransmitido por radio, presentes los jefes españoles que residían en Berlin, creo recordar que en julio de 1941, y ante Muñoz Grandes, su Estado Mayor, y los generales alemanes Cochenshausen y Fromm, este en representación de Hitler, tras una misa de campaña que no recuerdo quien ofició, el general Cochenhausen nos inquirió la formula de juramento de fidelidad en alemán, traducida por Troncoso.
¿Juráis ante Dios y por vuestro honor de españoles absoluta obediencia al Jefe del Ejército alemán Adolfo Hitler en la lucha contra el comunismo y juráis combatir como valientes soldados, dispuestos a dar vuestra vida en cada instante por cumplir ese juramento?
La respuesta, ya es conocida: Si, juro.
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Y ahora, mi petición.
Los noticiarios repiten que en Valencia, mi Valencia, hay un barco abortista holandés esperando que a él lleguen lanchas de mujeres que van a abortar.
Yo no se en que piensan los políticos, los periodistas de este país, que no ponen los puntos sobre las ies. Se que están en aguas internacionales, pero seguro que algún juego legal habrá para evitar esa atrocidad.
Rita, alcaldesa, quizá temas perder popularidad. Yo te digo, y creeme, aunque solo sea un viejo, que uno solo de esos niños que allí van a morir, vale más que todos los cargos del ayuntamiento de Valencia, que todos las concejalías del ayuntamiento, que el ayuntamiento en sí, que todos los ayuntamientos de España.
Yo no puedo hacer nada para evitarlo. Solo rezar. Rezar por esos niños, por sus madres que, sin verlo ahora, se castigan así su futuro, por todos esos miserables que con Pilar Bardén a la cabeza jalean esa monstruosidad y por los políticos y periodistas que lo permiten. Rezo por la salvación de sus almas.
Y pido a los que me lean, y crean, que recen conmigo. No hay que subestimar el poder de la oración.
lunes, 13 de octubre de 2008
Somos polvo...
Prometo hacer entrada doble esta semana, y contestar así a aquellos amables amigos que me han dejado sus mensajes.
Pero hoy no. Hoy, no puedo.
Es uno de esos días en los que uno toma conciencia del fin, de lo poco que somos.
Un amigo de la familia, al que llamaré Paco por abreviar, ha fallecido hoy. Un cáncer se lo ha llevado por delante con poco más de cincuenta años. No tenía con el más trato que el que se hace lógico de verlo en casa de uno de mis hijos y de conocer levemente a sus hijos, amigos de mis nietos. Pero lo que si he visto, ha sido el agujero que ha dejado.
La muerte, a mi edad, se ve con otra perspectiva. No se desea, porque de cualquier manera, esta es la orilla del río de la vida en la que quiero acampar, pero se es mucho más que consciente de que Caronte puede aparecer en cualquier momento y reclamarnos para el viaje.
Además, cuando uno es viejo y se va, la pena y el dolor quedan matizados por esa vieja y dura expresión que reza "es ley de vida". Pero cuando se va alguien con hijos pequeños, con padres vivos, rompiendo así la natural cadena que provoca el dolor infinito en los padres que ven partir antes a los hijos, cuando ese alguien deja muchas cosas pendientes, se multiplica el daño.
Nada somos. Intentamos dejar huella en la vida y apenas marcamos la arena de una playa donde Nuestro Señor puede soplar en cualquier momento y borrar nuestro rastro. Es algo que hemos de asumir y, aun así... se hace tan difícil.
Apenas me han dado la noticia, he tomado mi carnet de jubilado para el autobús y me he plantado en casa de Paco. Podría pensar que los hermanos del finado, sus cuñados... ya estarían ahí para prestar apoyo moral a la familia, a una familia que conocía en cierta forma de rebote. Pero algo me decía que tenía que estar ahí.
Al llegar me di cuenta de que mientras todos rodeaban a la madre y a la hija, el chaval, ya mayor, de casi 30 años, estaba solo. Entero, sin hablar con nadie y tragando por su garganta pedazos de dolor del tamaño de melocotones. Le abracé y, en ese momento, fue cuando rompió a llorar.
Hemos hablado mucho. Con él, apenas había cambiado antes más de cuatro o cinco frases largas, pero hoy hemos hablado como si nos conociéramos de siempre.
Le he hablado de la muerte. De la muerte que vi en mis camaradas, en mi hermano, en los horrores de la guerra que sufrí de niño y en la guerra que viví de joven. Y en la muerte que me hace notar su aliento en mi nuca cuando bajo la guardia. Pero no era la muerte lo que le dolía de verdad. Lo he visto pero no me atrevía a decírselo, hasta que al final, ha sido el quien me lo ha confesado: su dolor es porque no le había dicho a su padre algo muy simple y elemental: "Te quiero".
¿Porqué nos negamos a exteriorizar los hombres muchas veces sentimientos tan bellos y al tiempo simples?. No lo se.
Cuando volvía, cabizbajo y meditabundo en el autobús, pensaba que quizá no fuera casual mi impulso de acudir allí, sin esperar llamada de nadie. Que todo tiene un sentido.
Hasta la vida de un viejo.
Pero hoy no. Hoy, no puedo.
Es uno de esos días en los que uno toma conciencia del fin, de lo poco que somos.
Un amigo de la familia, al que llamaré Paco por abreviar, ha fallecido hoy. Un cáncer se lo ha llevado por delante con poco más de cincuenta años. No tenía con el más trato que el que se hace lógico de verlo en casa de uno de mis hijos y de conocer levemente a sus hijos, amigos de mis nietos. Pero lo que si he visto, ha sido el agujero que ha dejado.
La muerte, a mi edad, se ve con otra perspectiva. No se desea, porque de cualquier manera, esta es la orilla del río de la vida en la que quiero acampar, pero se es mucho más que consciente de que Caronte puede aparecer en cualquier momento y reclamarnos para el viaje.
Además, cuando uno es viejo y se va, la pena y el dolor quedan matizados por esa vieja y dura expresión que reza "es ley de vida". Pero cuando se va alguien con hijos pequeños, con padres vivos, rompiendo así la natural cadena que provoca el dolor infinito en los padres que ven partir antes a los hijos, cuando ese alguien deja muchas cosas pendientes, se multiplica el daño.
Nada somos. Intentamos dejar huella en la vida y apenas marcamos la arena de una playa donde Nuestro Señor puede soplar en cualquier momento y borrar nuestro rastro. Es algo que hemos de asumir y, aun así... se hace tan difícil.
Apenas me han dado la noticia, he tomado mi carnet de jubilado para el autobús y me he plantado en casa de Paco. Podría pensar que los hermanos del finado, sus cuñados... ya estarían ahí para prestar apoyo moral a la familia, a una familia que conocía en cierta forma de rebote. Pero algo me decía que tenía que estar ahí.
Al llegar me di cuenta de que mientras todos rodeaban a la madre y a la hija, el chaval, ya mayor, de casi 30 años, estaba solo. Entero, sin hablar con nadie y tragando por su garganta pedazos de dolor del tamaño de melocotones. Le abracé y, en ese momento, fue cuando rompió a llorar.
Hemos hablado mucho. Con él, apenas había cambiado antes más de cuatro o cinco frases largas, pero hoy hemos hablado como si nos conociéramos de siempre.
Le he hablado de la muerte. De la muerte que vi en mis camaradas, en mi hermano, en los horrores de la guerra que sufrí de niño y en la guerra que viví de joven. Y en la muerte que me hace notar su aliento en mi nuca cuando bajo la guardia. Pero no era la muerte lo que le dolía de verdad. Lo he visto pero no me atrevía a decírselo, hasta que al final, ha sido el quien me lo ha confesado: su dolor es porque no le había dicho a su padre algo muy simple y elemental: "Te quiero".
¿Porqué nos negamos a exteriorizar los hombres muchas veces sentimientos tan bellos y al tiempo simples?. No lo se.
Cuando volvía, cabizbajo y meditabundo en el autobús, pensaba que quizá no fuera casual mi impulso de acudir allí, sin esperar llamada de nadie. Que todo tiene un sentido.
Hasta la vida de un viejo.
lunes, 6 de octubre de 2008
¡No toqueis a los niños!
Cumpliendo con el propósito que me hice de escribir al menos una vez a la semana, he tenido el placer de encontrarme con algún mensaje agradable, de los cuales alguno merece respuesta y esa deuda pretendo saldarla hoy mismo.
Pero antes de ello, necesito imperiosamente tratar un tema de actualidad: la que desgraciadamente nos traen los medios de comunicación, con esos subproductos humanos que no solo abusan de los niños sino que difunden sus vicios por internet.
No tengo piedad ninguna hacia los pederastas. No la tengo, como no la tenía Nuestro Señor, quien dijo, y ahí están los evangelios, que a quien escandalizare a uno de esos pequeñuelos, más le valdría atarse al cuello una rueda de molino.
Los niños son el futuro de la Patria, la patria en esencia. Atentar contra ellos es peor que querer comer el fruto, es destruir la semilla. Este grupo de bribones tiene todo mi desprecio.
Más, cuando hay entre ellos gentes que, por su posición en la sociedad tenían justo la misión contraria: evitar que estas cosas pasaran: agentes de policía, de la Guardia Civil, jueces, maestros...
Que esto suceda significa algo que no se dice en los medios de comunicación: nuestra sociedad está tan podrida que la curación de esa enfermedad es mucho más que difícil, casi imposible.
Y, con toda esta tormenta, faltaban voces, que ya las ha habido, como esa maricona vieja que es Antonio Gala, en voz de Rafael García Serrano en un dietario aparecido en El Alcázar allá por los últimos setenta, un folletinista para modistillas del siglo XIX. Resulta que el tal Gala se escandalizó, ya con el caso Arny, de la hipocresía que resultaba indignarse de que alguien se acostara con niños o niñas de menos de 12 años.
No, señor Gala, yo no me indigno. Indignarse sería algo demasiado débil para definir mi estado de ánimo. Lo que a mi me gustaría es tener menos años para poder hacer algo más contundente.
Gente que pide que no se persiga a los pederastas, que si "es de mutuo acuerdo"... pero vamos ¿cómo puede estar de acuerdo una niña de 12 años en acostarse con un baboso de 60?.
Debe ser que soy demasiado viejo, pero esto no lo entiendo ni como broma. Me parece una salvajada tan terrible que no soy capaz de concebir como alguien ha violentado ¡a su propia hermanita!.
Yo lo que quisiera es que el juez, la policiía, la guardia Civil, se inhibieran del asunto, y les dejaran a los padres de esa niña que se tomaran la justicia que los hombres les niegan.
Claro, que solo soy un viejo fascista. Pueden etiquetarme así, no serían los primeros pero si casi los últimos.
---------------------
Ahora, me permito contestar algunos comentarios.
En primer lugar, a un chico que me pide no publique su mensaje y se interesa por las historias tantas veces repetidas sobre los divisionarios rojos, que se alistaron o para purgar penas, o para pasarse.
¿Los hubo?. Si, pero no fueron moneda corriente. Alguno se veía (a muchos, se les veía venir) distantes, faltos de ardor en el servicio. Pocos, se pasaron. Menos de los que fueron capturados y allí, por supervivencia que no condenaré jamás, chaquetearon. Hay que vivir el infierno para poder culpabilizar a los demonios.
¿Vinieron muchos a hacerse perdonar su pasado o el de su familia?. Alguno había. No tantos como hoy se quiere hacer ver. El ejemplo más claro es Berlanga, que allá donde va cuenta la misma monserga. Lo malo para él es que queda para la posteridad la Hoja de Campaña, donde se ve que no era precisamente muy rogelio en aquella época.
Me pregunta también por mis motivos, y alude a también una frase de mi presentación, al que dice que soy viejo, pero no imbécil. Pues bien, le contestaré a esto con otra frase de mi presentación: fui a devolver una visita, a matar los huevos de la bestia en su propia madriguera. Porque no pude hacerlo durante nuestra Cruzada (últimamente la vuelvo a llamar así, agradézcanselo a Garzón, que quiere desenterrar algo más que huesos. Pues bien, señor Garzón, recuerde que algunos, no hemos muerto)
Otra respuesta,a esta a 29 de octubre (buen alias). Me pregunta por ese Miguel que menciono en alguna ocasión, y le confirmo que si, que las respuestas a las preguntas que me hace son afirmativas. Y me invita a la presentación en Valencia del libro que mencionaba la semana pasada: Le contesto, muy agradecido, que si el tiempo meteorológico no lo impide, y no hay pegas derivadas de mi tiempo cronológico, iré. Pero con Alicia o Eduardo, los dos nietos a los que más hecho mano, de chofer, será para mi todo un placer. Pero, obviamente, necesitaría saber el lugar y el día.
Y la última. Aunque 27 puntos (otro alias estupendo) no pregunta nada, tiene la deferencia de dejarme su dirección. Yo no se hacer esas cosas, así que no pondré su enlace en mi página, pero he de decirle que he disfrutado de los contenidos que introduce en la suya. Y de sus enlaces.
Precisamente mi duda era sobre si decir algo de una noticia que también me ha pateado el hígado esta semana, el permiso carcelario a una presa etarra para que ésta se quede embarazada. Pues bien, navegando por los enlaces de su blog, llegué a otro blog, no lo ocultaré, bastante bruto. Pero con la boca de carbonero dice verdades que hoy se nos ocultan, y a mi me da que es alguien que justamente emplea esa forma tan bestia de expresarse para llamar la atención a quienes nos repudian como somos. No es una muestra de lo que en años llamábamos estilo, pero, he de reconocerlo, he disfrutado leyéndolo. Sobre todo, esa entrada que, de una manera, digámoslo así, más expresiva que la mía, dice justo lo que yo estaba pensando sobre esa noticia. Esta es la dirección, que lamento no saber colocar de otra manera más que así, sin enlaces bonitos ni filigranas: http://elgrancascarrabias.blogspot.com/2008/10/para-prear-una-puta-de-eta.html
Se lo enseñe a Alicia y, mientras empezaba a redactar esta entrada, me llamó a casa para decirme, ilusionada, que creía deducir de la lectura de otras entradas que se trataba de un profesor de su universidad, lo que le ha hecho mucha ilusión, ya que siempre consideraba que el profesorado era en su práctica totalidad rojo-progresista. Ha descubierto que no, y se promete a sí misma conocerle.
Sabiendo como es Alicia, se que lo conseguirá.
Y con esto cierro. Me dejo en el tintero una anécdota del Lazarett de Wilna, para otra ocasión.
Pero antes de ello, necesito imperiosamente tratar un tema de actualidad: la que desgraciadamente nos traen los medios de comunicación, con esos subproductos humanos que no solo abusan de los niños sino que difunden sus vicios por internet.
No tengo piedad ninguna hacia los pederastas. No la tengo, como no la tenía Nuestro Señor, quien dijo, y ahí están los evangelios, que a quien escandalizare a uno de esos pequeñuelos, más le valdría atarse al cuello una rueda de molino.
Los niños son el futuro de la Patria, la patria en esencia. Atentar contra ellos es peor que querer comer el fruto, es destruir la semilla. Este grupo de bribones tiene todo mi desprecio.
Más, cuando hay entre ellos gentes que, por su posición en la sociedad tenían justo la misión contraria: evitar que estas cosas pasaran: agentes de policía, de la Guardia Civil, jueces, maestros...
Que esto suceda significa algo que no se dice en los medios de comunicación: nuestra sociedad está tan podrida que la curación de esa enfermedad es mucho más que difícil, casi imposible.
Y, con toda esta tormenta, faltaban voces, que ya las ha habido, como esa maricona vieja que es Antonio Gala, en voz de Rafael García Serrano en un dietario aparecido en El Alcázar allá por los últimos setenta, un folletinista para modistillas del siglo XIX. Resulta que el tal Gala se escandalizó, ya con el caso Arny, de la hipocresía que resultaba indignarse de que alguien se acostara con niños o niñas de menos de 12 años.
No, señor Gala, yo no me indigno. Indignarse sería algo demasiado débil para definir mi estado de ánimo. Lo que a mi me gustaría es tener menos años para poder hacer algo más contundente.
Gente que pide que no se persiga a los pederastas, que si "es de mutuo acuerdo"... pero vamos ¿cómo puede estar de acuerdo una niña de 12 años en acostarse con un baboso de 60?.
Debe ser que soy demasiado viejo, pero esto no lo entiendo ni como broma. Me parece una salvajada tan terrible que no soy capaz de concebir como alguien ha violentado ¡a su propia hermanita!.
Yo lo que quisiera es que el juez, la policiía, la guardia Civil, se inhibieran del asunto, y les dejaran a los padres de esa niña que se tomaran la justicia que los hombres les niegan.
Claro, que solo soy un viejo fascista. Pueden etiquetarme así, no serían los primeros pero si casi los últimos.
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Ahora, me permito contestar algunos comentarios.
En primer lugar, a un chico que me pide no publique su mensaje y se interesa por las historias tantas veces repetidas sobre los divisionarios rojos, que se alistaron o para purgar penas, o para pasarse.
¿Los hubo?. Si, pero no fueron moneda corriente. Alguno se veía (a muchos, se les veía venir) distantes, faltos de ardor en el servicio. Pocos, se pasaron. Menos de los que fueron capturados y allí, por supervivencia que no condenaré jamás, chaquetearon. Hay que vivir el infierno para poder culpabilizar a los demonios.
¿Vinieron muchos a hacerse perdonar su pasado o el de su familia?. Alguno había. No tantos como hoy se quiere hacer ver. El ejemplo más claro es Berlanga, que allá donde va cuenta la misma monserga. Lo malo para él es que queda para la posteridad la Hoja de Campaña, donde se ve que no era precisamente muy rogelio en aquella época.
Me pregunta también por mis motivos, y alude a también una frase de mi presentación, al que dice que soy viejo, pero no imbécil. Pues bien, le contestaré a esto con otra frase de mi presentación: fui a devolver una visita, a matar los huevos de la bestia en su propia madriguera. Porque no pude hacerlo durante nuestra Cruzada (últimamente la vuelvo a llamar así, agradézcanselo a Garzón, que quiere desenterrar algo más que huesos. Pues bien, señor Garzón, recuerde que algunos, no hemos muerto)
Otra respuesta,a esta a 29 de octubre (buen alias). Me pregunta por ese Miguel que menciono en alguna ocasión, y le confirmo que si, que las respuestas a las preguntas que me hace son afirmativas. Y me invita a la presentación en Valencia del libro que mencionaba la semana pasada: Le contesto, muy agradecido, que si el tiempo meteorológico no lo impide, y no hay pegas derivadas de mi tiempo cronológico, iré. Pero con Alicia o Eduardo, los dos nietos a los que más hecho mano, de chofer, será para mi todo un placer. Pero, obviamente, necesitaría saber el lugar y el día.
Y la última. Aunque 27 puntos (otro alias estupendo) no pregunta nada, tiene la deferencia de dejarme su dirección. Yo no se hacer esas cosas, así que no pondré su enlace en mi página, pero he de decirle que he disfrutado de los contenidos que introduce en la suya. Y de sus enlaces.
Precisamente mi duda era sobre si decir algo de una noticia que también me ha pateado el hígado esta semana, el permiso carcelario a una presa etarra para que ésta se quede embarazada. Pues bien, navegando por los enlaces de su blog, llegué a otro blog, no lo ocultaré, bastante bruto. Pero con la boca de carbonero dice verdades que hoy se nos ocultan, y a mi me da que es alguien que justamente emplea esa forma tan bestia de expresarse para llamar la atención a quienes nos repudian como somos. No es una muestra de lo que en años llamábamos estilo, pero, he de reconocerlo, he disfrutado leyéndolo. Sobre todo, esa entrada que, de una manera, digámoslo así, más expresiva que la mía, dice justo lo que yo estaba pensando sobre esa noticia. Esta es la dirección, que lamento no saber colocar de otra manera más que así, sin enlaces bonitos ni filigranas: http://elgrancascarrabias.blogspot.com/2008/10/para-prear-una-puta-de-eta.html
Se lo enseñe a Alicia y, mientras empezaba a redactar esta entrada, me llamó a casa para decirme, ilusionada, que creía deducir de la lectura de otras entradas que se trataba de un profesor de su universidad, lo que le ha hecho mucha ilusión, ya que siempre consideraba que el profesorado era en su práctica totalidad rojo-progresista. Ha descubierto que no, y se promete a sí misma conocerle.
Sabiendo como es Alicia, se que lo conseguirá.
Y con esto cierro. Me dejo en el tintero una anécdota del Lazarett de Wilna, para otra ocasión.
martes, 30 de septiembre de 2008
De vuelta
Cuestiones de orden:
Debo agradecer a los amigos y camaradas que me han mandado comentarios agradables su interés y buenos deseos hacia mi. Algún mensaje privado ha llegado y tomo muy buena nota de lo que se dice. Entre esos agradecimientos, debo destacar la labor insistente de mis nietos, en particular Alicia, que me pedían continuamente que escribiera, venciendo a la natural pereza de mi edad. También agradezco a los imbéciles que se dedican a intentar asustar a este viejo con las amenazas e insultos de siempre, por ayudarme a mantenerme vivo. Idiotas, todo mi desprecio para vosotros, y mi condolencia a vuestras familias por soportar las supuraciones de vuestras blenorragias mentales.
Alicia, además de las peripecias que aquí cuenta, sirviéndome de apoyo incondicional, de báculo para la vejez que se decía en mis tiempos mozos, ha tomado desde que regresé a la ciudad hace unos días una costumbre para mi muy agradable(inciso: mi intención era alargarlo, pero el tiempo meteorológico y el mio cronológico hacían que no aguantase ya a los pesados de mis hijos, que me pedían que no me quedara solo en la playa). La costumbre a que hacía referencia deviene de un momento cima, de una catarsis personal: Alicia ha mudado su vida desde hace unos meses. Ha cambiado de carrera, "convalidando" -me dice, a mi lado, que es la palabra- las asignaturas que ha podido, pero no hacia una más fácil, sino hacia una ingeniería más dura. Y para encontrar un mejor ambiente de estudios, pasa muchas horas de tarde en mi casa. Mis vicios caseros son breves y silenciosos: leer y escribir, o, como mucho, escuchar música clásica, lo que no me importa hacer con auriculares.
De forma egoísta, me gusta estar con ella, me contagia su juventud. Además, ahora que su padre no me lee, diré con orgullo que cada día la veo más cerca de no esa forma de pensar, sino esa manera de ser, que es la Falange.
Y este último comentario me lleva a hacer uno de mis primeros "cortos". Aunque siempre trato de ser breve, tengo muchas cosas en mi macuto guardadas desde este verano, así que sin más voy con ellos. Me aprovecho, si, de mi nieta, que se ofrece a teclear cuando mis dedos se cansen. No es el caso aun.
1.- De libros.
Este largo verano he tenido tiempo para leer y releer. Leer cosa pendientes y Releer cosas eternas. Conmigo han viajado mis viejos tomos con las "obras completas" (que no son tales) de Onésimo Redondo. Desde hace unos 30 años no bajaban del anaquel y decidí darles una relectura.
El primer tomo me llegó a hispanoamérica como un presente. Lleva al dedicatoria de José Antonio Girón. En la última página de la introducción que el ministro hacía, subrayadas con pluma estilográfica aparecen las líneas:
"Su ejemplo presida nuestras jornadas. Si fuéramos infieles a él seríamos infieles a la Patria que él amó hasta la inmolación"
En aquellos años, esta frase pasaría desapercibida entre los discursos habituales, aun en unos años en que nosotros, los falangistas, no manteníamos ya las mismas posiciones que poco tiempo atrás. Recuerdo que durante unos años pensé que quizá si, habíamos sido infieles, aunque esa pesadumbre se desvanecía al enfocar la memoria y ver que no hubo infidelidad por nuestra parte, sino quizá un exceso de ella a quien, aun mereciéndola en principio, no supo hacerse acreedor de ella.
Hoy, esa frase, resulta impactante. Tanto es así, al menos para este corazón viejo que solo sabe ya latir en azul, que me persiguió durante un par de semanas.
Porque entonces, no casualidad, pues no creo en el azar, Fernando, de quien creo aquí he hablado, vino a verme al apartamento. Fernando había pasado unos días en Madrid y de allí me trajo un regalo, un libro. Un libro que me reconcilió con ese pensamiento que traía aquí.
Entonces desconocía ese libro por completo. A mi regreso, hace unos días, visitando las cuatro o cinco páginas que me merecen interés, me di de bruces con el en esa página de críticas literarias que alguna vez he citado aquí "Palabra obra". Y confirmé, pues ya traía leído el libro desde la playa, y abundantemente anotado, que su criterio al seleccionar textos me sigue gustando, pues no recuerdo un libro que me mantuviera atento tanto tiempo desde hace años.
Su título es "Por los caminos del adiós". Por razones que son evidentes, al tratarse de una estrofa del himno de la división, cuando vi el libro que traía Fernando, llamó mi atención. Solo con leer la contraportada creí entender que no me desagradaría su lectura. Y no, no lo hizo...
No es un libro sobre la División Azul, aunque se habla de ella. Y no con mentiras, ni con medias verdades. Lo que se dice de ella, lo acepto, con algunos matices, como propio. Y en general el libro lo considero tan imprescindible que se lo he recomendado a todos mis nietos. (Alicia lee encima de mi hombro y sonríe, pues ella lo tiene en su casa desde hace diez días). No estoy de acuerdo en su totalidad con él, pues esto lo reputo imposible, pero si lo considero honrado y cabal. Un libro necesario, al menos para todos aquellos que se crean falangistas. O que en un momento dado de su vida lo fuesen.
2.- De política internacional.
Obama y McCain, más el primero que el segundo por intereses claros, ocupan los telediarios. Y de repente, llegan los vicepresidentes. Llega Palin y, disculpas, no recuerdo el vice de Obama.
Y los estúpidos de siempre tratan de comparar demócratas con socialistas y republicanos con populares. Demostrando un total desconocimiento de la sociedad norteamericana. No hay nada más conservador, pro ejemplo, que un demócrata del sur. Ese adalid de la paz que hoy se nos vende que fue Kenedy, fue quien más cerca estuvo de organizar la tercera guerra mundial.
Entre Obama y McCain yo hago mi elección: ninguno. Aunque, reconozco, que alguna declaración de Obama me ha chirriado tanto, que no puedo dejar de mirar, no por méritos propios, sino por demérito del adversario, al héroe militar norteamericano (esa es otra) que se le opone.
3.- El Valle.
Mi nieta ha contado algo del viaje que hicimos mediado el mes de agosto. No ha contado un par de cosas. Una, no la contaré, pues es un secreto suyo y mio. Otra, algo que me alegró, una anécdota, una simple anécdota.
Yo salí vestido "de civil", desde la Playa. Donde comimos me cambié de camisa, para cubrir mi pecho de azul, y con ella me quedé hasta que paramos de regreso por primera vez (la vieja vejiga obliga). Cuando entramos en el restaurante de la gasolinera, yo llevaba la bolsa con la camisa de verano, para entrar en el baño.
Pues bien, cuando salimos de allí, escuché a un padre cantarle a su hijo pequeño el "Yo tenía un camarada". Pensando que se reía de mi, a pesar de que mi nieta me pedía lo contrario, fui a hablar con él. Unas breves palabras bastaron para sacarme de la confusión. Y rubricándolo, su hijo mayor, de unos 7 años, me la cantó de arriba a abajo. Fue un encuentro inesperado pero muy agradable, que me ha traído el regalo de un par de nuevos camaradas, pues su mujer también lo es, y de sus hijos, que han prometido pasar el próximo verano por Valencia.
Yo pensaba que a mi edad solo estaba en disposición de enterrar a mis camaradas o a mi mismo, y no de ganar nuevos. Se ve que no.
4.- La desgracia.
Al volver me cuenta un vecino como, en un patio no muy lejano, un tipo mató a su mujer y después se suicidó.
¿Porqué esos chalados no invierten el orden?. Primero, deberían suicidarse, y después hacer lo que quieran.
5.- El propósito.
Me propongo hacer al menos una intervención semanal, más breve o más larga, según mi estado de ánimo y físico. Y si no puedo, siempre me quedará Alicia para hacerme de "nurse".
Y nada más. Encantado de volver a mi casa, con mis libros... y con esta página, que me ha faltado este verano.
Debo agradecer a los amigos y camaradas que me han mandado comentarios agradables su interés y buenos deseos hacia mi. Algún mensaje privado ha llegado y tomo muy buena nota de lo que se dice. Entre esos agradecimientos, debo destacar la labor insistente de mis nietos, en particular Alicia, que me pedían continuamente que escribiera, venciendo a la natural pereza de mi edad. También agradezco a los imbéciles que se dedican a intentar asustar a este viejo con las amenazas e insultos de siempre, por ayudarme a mantenerme vivo. Idiotas, todo mi desprecio para vosotros, y mi condolencia a vuestras familias por soportar las supuraciones de vuestras blenorragias mentales.
Alicia, además de las peripecias que aquí cuenta, sirviéndome de apoyo incondicional, de báculo para la vejez que se decía en mis tiempos mozos, ha tomado desde que regresé a la ciudad hace unos días una costumbre para mi muy agradable(inciso: mi intención era alargarlo, pero el tiempo meteorológico y el mio cronológico hacían que no aguantase ya a los pesados de mis hijos, que me pedían que no me quedara solo en la playa). La costumbre a que hacía referencia deviene de un momento cima, de una catarsis personal: Alicia ha mudado su vida desde hace unos meses. Ha cambiado de carrera, "convalidando" -me dice, a mi lado, que es la palabra- las asignaturas que ha podido, pero no hacia una más fácil, sino hacia una ingeniería más dura. Y para encontrar un mejor ambiente de estudios, pasa muchas horas de tarde en mi casa. Mis vicios caseros son breves y silenciosos: leer y escribir, o, como mucho, escuchar música clásica, lo que no me importa hacer con auriculares.
De forma egoísta, me gusta estar con ella, me contagia su juventud. Además, ahora que su padre no me lee, diré con orgullo que cada día la veo más cerca de no esa forma de pensar, sino esa manera de ser, que es la Falange.
Y este último comentario me lleva a hacer uno de mis primeros "cortos". Aunque siempre trato de ser breve, tengo muchas cosas en mi macuto guardadas desde este verano, así que sin más voy con ellos. Me aprovecho, si, de mi nieta, que se ofrece a teclear cuando mis dedos se cansen. No es el caso aun.
1.- De libros.
Este largo verano he tenido tiempo para leer y releer. Leer cosa pendientes y Releer cosas eternas. Conmigo han viajado mis viejos tomos con las "obras completas" (que no son tales) de Onésimo Redondo. Desde hace unos 30 años no bajaban del anaquel y decidí darles una relectura.
El primer tomo me llegó a hispanoamérica como un presente. Lleva al dedicatoria de José Antonio Girón. En la última página de la introducción que el ministro hacía, subrayadas con pluma estilográfica aparecen las líneas:
"Su ejemplo presida nuestras jornadas. Si fuéramos infieles a él seríamos infieles a la Patria que él amó hasta la inmolación"
En aquellos años, esta frase pasaría desapercibida entre los discursos habituales, aun en unos años en que nosotros, los falangistas, no manteníamos ya las mismas posiciones que poco tiempo atrás. Recuerdo que durante unos años pensé que quizá si, habíamos sido infieles, aunque esa pesadumbre se desvanecía al enfocar la memoria y ver que no hubo infidelidad por nuestra parte, sino quizá un exceso de ella a quien, aun mereciéndola en principio, no supo hacerse acreedor de ella.
Hoy, esa frase, resulta impactante. Tanto es así, al menos para este corazón viejo que solo sabe ya latir en azul, que me persiguió durante un par de semanas.
Porque entonces, no casualidad, pues no creo en el azar, Fernando, de quien creo aquí he hablado, vino a verme al apartamento. Fernando había pasado unos días en Madrid y de allí me trajo un regalo, un libro. Un libro que me reconcilió con ese pensamiento que traía aquí.
Entonces desconocía ese libro por completo. A mi regreso, hace unos días, visitando las cuatro o cinco páginas que me merecen interés, me di de bruces con el en esa página de críticas literarias que alguna vez he citado aquí "Palabra obra". Y confirmé, pues ya traía leído el libro desde la playa, y abundantemente anotado, que su criterio al seleccionar textos me sigue gustando, pues no recuerdo un libro que me mantuviera atento tanto tiempo desde hace años.
Su título es "Por los caminos del adiós". Por razones que son evidentes, al tratarse de una estrofa del himno de la división, cuando vi el libro que traía Fernando, llamó mi atención. Solo con leer la contraportada creí entender que no me desagradaría su lectura. Y no, no lo hizo...
No es un libro sobre la División Azul, aunque se habla de ella. Y no con mentiras, ni con medias verdades. Lo que se dice de ella, lo acepto, con algunos matices, como propio. Y en general el libro lo considero tan imprescindible que se lo he recomendado a todos mis nietos. (Alicia lee encima de mi hombro y sonríe, pues ella lo tiene en su casa desde hace diez días). No estoy de acuerdo en su totalidad con él, pues esto lo reputo imposible, pero si lo considero honrado y cabal. Un libro necesario, al menos para todos aquellos que se crean falangistas. O que en un momento dado de su vida lo fuesen.
2.- De política internacional.
Obama y McCain, más el primero que el segundo por intereses claros, ocupan los telediarios. Y de repente, llegan los vicepresidentes. Llega Palin y, disculpas, no recuerdo el vice de Obama.
Y los estúpidos de siempre tratan de comparar demócratas con socialistas y republicanos con populares. Demostrando un total desconocimiento de la sociedad norteamericana. No hay nada más conservador, pro ejemplo, que un demócrata del sur. Ese adalid de la paz que hoy se nos vende que fue Kenedy, fue quien más cerca estuvo de organizar la tercera guerra mundial.
Entre Obama y McCain yo hago mi elección: ninguno. Aunque, reconozco, que alguna declaración de Obama me ha chirriado tanto, que no puedo dejar de mirar, no por méritos propios, sino por demérito del adversario, al héroe militar norteamericano (esa es otra) que se le opone.
3.- El Valle.
Mi nieta ha contado algo del viaje que hicimos mediado el mes de agosto. No ha contado un par de cosas. Una, no la contaré, pues es un secreto suyo y mio. Otra, algo que me alegró, una anécdota, una simple anécdota.
Yo salí vestido "de civil", desde la Playa. Donde comimos me cambié de camisa, para cubrir mi pecho de azul, y con ella me quedé hasta que paramos de regreso por primera vez (la vieja vejiga obliga). Cuando entramos en el restaurante de la gasolinera, yo llevaba la bolsa con la camisa de verano, para entrar en el baño.
Pues bien, cuando salimos de allí, escuché a un padre cantarle a su hijo pequeño el "Yo tenía un camarada". Pensando que se reía de mi, a pesar de que mi nieta me pedía lo contrario, fui a hablar con él. Unas breves palabras bastaron para sacarme de la confusión. Y rubricándolo, su hijo mayor, de unos 7 años, me la cantó de arriba a abajo. Fue un encuentro inesperado pero muy agradable, que me ha traído el regalo de un par de nuevos camaradas, pues su mujer también lo es, y de sus hijos, que han prometido pasar el próximo verano por Valencia.
Yo pensaba que a mi edad solo estaba en disposición de enterrar a mis camaradas o a mi mismo, y no de ganar nuevos. Se ve que no.
4.- La desgracia.
Al volver me cuenta un vecino como, en un patio no muy lejano, un tipo mató a su mujer y después se suicidó.
¿Porqué esos chalados no invierten el orden?. Primero, deberían suicidarse, y después hacer lo que quieran.
5.- El propósito.
Me propongo hacer al menos una intervención semanal, más breve o más larga, según mi estado de ánimo y físico. Y si no puedo, siempre me quedará Alicia para hacerme de "nurse".
Y nada más. Encantado de volver a mi casa, con mis libros... y con esta página, que me ha faltado este verano.
viernes, 5 de septiembre de 2008
Alicia, de nuevo
Mi abuelo me pide, y sus deseos son mis ordenes, que aproveche que esta tarde-noche he quedado en Valencia con unos amigos para hacerle unos recados.
El primero, comprarle un par de libros (¡menudo par de libros!). Esto es muy agradable, pues se que una vez leidos los pondrá a mi disposición. Además, me parece que en buena parte es una forma de saltarse la prohibición de mi padre para que no me de dinero: siempre me da para las compras bastante más de lo que en realidad cuestan y se niega después a tomarme las vueltas.
El segundo, revisar el blog para eliminar lo que el llama "los mensajes del maligno" y dar el visto bueno a los mensajes que al menos no contienen palabras soeces. Esto lleva implícito imprimirselos, por si el considera oportuno contestar alguno, para darme la réplica en posteriores viajes, o él mismo a su regreso. A mi me queda una semana en la playa, pero creo que el se quedará hasta que llegue el frio (eso, en la playa, puede ser cuestión de un mes).
El tercero, era que transcribiera una nota suya sobre lo que llama "la garzonada". Lamentablemente, con las prisas, me he dejado su nota en el apartamento.
La idea de mi abuelo era que dejara un mensaje, para que quedara evidente que este blog no está muerto (ni el tampoco). Sus vacaciones, desde que murió mi abuela, son así siempre: se va a la playa cuando le apetece y vuelve cuando le da la gana. Tan solo necesita bajar a por medicinas o libros puntualmente, y eso si no encuentra un nieto a mano para que le ayude y viaje por él. Eso, y una escapada que nunca perdona al Valle de los Caidos en medio del mes de agosto. Este año, le he llevado yo. Cuatro horas de coche en un pequeño arosa, comida en El Escorial, visita (esto el no lo contará, así que lo hago yo: camisa azul, brazo en alto frente a la tumba de José Antonio y depósito de cinco rosas rojas sobre la lápida), oración, y cuatro horas de regreso. En total más de ocho horas de charla ininterrumpida que han conseguido uno de los días más completos de mi vida, que nunca podré olvidar. Cuando llegamos a su apartamento, subimos a tomar una cena fría. Cenamos en la terraza y al marcharme, le dije que no quería dejarle solo. El me dijo algo que me impactó. Miró al cielo, despejado y lleno de estrellas, y me dijo: "No estoy solo, ahí están mis camaradas. Nunca lo olvides".
Esa noche, no pude dormir, y no por el cansancio de la carretera.
El primero, comprarle un par de libros (¡menudo par de libros!). Esto es muy agradable, pues se que una vez leidos los pondrá a mi disposición. Además, me parece que en buena parte es una forma de saltarse la prohibición de mi padre para que no me de dinero: siempre me da para las compras bastante más de lo que en realidad cuestan y se niega después a tomarme las vueltas.
El segundo, revisar el blog para eliminar lo que el llama "los mensajes del maligno" y dar el visto bueno a los mensajes que al menos no contienen palabras soeces. Esto lleva implícito imprimirselos, por si el considera oportuno contestar alguno, para darme la réplica en posteriores viajes, o él mismo a su regreso. A mi me queda una semana en la playa, pero creo que el se quedará hasta que llegue el frio (eso, en la playa, puede ser cuestión de un mes).
El tercero, era que transcribiera una nota suya sobre lo que llama "la garzonada". Lamentablemente, con las prisas, me he dejado su nota en el apartamento.
La idea de mi abuelo era que dejara un mensaje, para que quedara evidente que este blog no está muerto (ni el tampoco). Sus vacaciones, desde que murió mi abuela, son así siempre: se va a la playa cuando le apetece y vuelve cuando le da la gana. Tan solo necesita bajar a por medicinas o libros puntualmente, y eso si no encuentra un nieto a mano para que le ayude y viaje por él. Eso, y una escapada que nunca perdona al Valle de los Caidos en medio del mes de agosto. Este año, le he llevado yo. Cuatro horas de coche en un pequeño arosa, comida en El Escorial, visita (esto el no lo contará, así que lo hago yo: camisa azul, brazo en alto frente a la tumba de José Antonio y depósito de cinco rosas rojas sobre la lápida), oración, y cuatro horas de regreso. En total más de ocho horas de charla ininterrumpida que han conseguido uno de los días más completos de mi vida, que nunca podré olvidar. Cuando llegamos a su apartamento, subimos a tomar una cena fría. Cenamos en la terraza y al marcharme, le dije que no quería dejarle solo. El me dijo algo que me impactó. Miró al cielo, despejado y lleno de estrellas, y me dijo: "No estoy solo, ahí están mis camaradas. Nunca lo olvides".
Esa noche, no pude dormir, y no por el cansancio de la carretera.
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